El telescopio Webb revela la composición química de nubes extraterrestresTecnologías

El telescopio Webb revela la composición química de nubes extraterrestres

El observatorio espacial más avanzado ha detectado moléculas como el dióxido de azufre y el agua en la atmósfera de WASP-39 b, un gigante gaseoso que orbita una estrella similar al Sol

Anneth Marín

El telescopio espacial James Webb, que fue lanzado al espacio el año pasado, es el observatorio más avanzado que existe y tiene la capacidad de estudiar la composición química de las atmósferas de los exoplanetas, es decir, los planetas que orbitan otras estrellas. Uno de los exoplanetas que ha observado es WASP-39 b, un gigante gaseoso muy caliente que tiene una temperatura de unos 1.400 grados Celsius.

Webb ha detectado una gran variedad de moléculas en su atmósfera, como agua, monóxido de carbono, sodio, potasio y, lo más sorprendente, dióxido de azufre. Esta última molécula se forma por reacciones químicas similares a las que ocurren en la capa de ozono de la Tierra y podría indicar que hay una actividad química compleja en el exoplaneta. Además, Webb ha revelado que las nubes de WASP-39 b son fragmentadas y no uniformes, lo que sugiere que hay una dinámica atmosférica variada.

James Web nubes extraterrestres

Este descubrimiento es muy importante porque nos muestra que los exoplanetas tienen atmósferas muy diversas y que podemos aprender mucho sobre ellos con el telescopio Webb. Además, Webb también podrá estudiar exoplanetas más pequeños y rocosos, como los del sistema TRAPPIST-1, que podrían tener condiciones favorables para la vida.

¿Quieres saber más sobre el telescopio James Webb?

El telescopio Webb es el sucesor del famoso telescopio Hubble, que lleva más de 30 años en órbita y ha revolucionado nuestra visión del universo. Webb tiene un espejo principal de 6,5 metros de diámetro, casi tres veces más grande que el de Hubble, y opera en el rango del infrarrojo, lo que le permite penetrar en las nubes de polvo y gas que ocultan muchos objetos celestes.

Webb también tiene una serie de instrumentos científicos que le permiten analizar la luz que recibe de las estrellas y los planetas. Uno de ellos es el espectrógrafo NIRSpec, que puede medir el espectro de hasta 100 objetos simultáneamente y determinar su composición, temperatura, velocidad y distancia. Otro es el coronógrafo NIRCam, que puede bloquear la luz de una estrella brillante y revelar los planetas que la rodean.

Webb es el resultado de una colaboración internacional entre la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Espacial Canadiense (CSA). Su construcción y desarrollo ha costado más de 10 mil millones de dólares y ha sufrido varios retrasos y problemas técnicos. Su lanzamiento se realizó el 18 de diciembre de 2022 desde la Guayana Francesa, a bordo de un cohete Ariane.

Tras su lanzamiento, Webb tuvo que realizar una serie de maniobras y despliegues para alcanzar su posición final, a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, en el punto de Lagrange L2, donde se mantiene en equilibrio gravitatorio con el Sol y la Tierra. Allí, Webb desplegó su escudo térmico, que lo protege del calor y la luz del Sol, y enfrió sus instrumentos a una temperatura de -233 grados Celsius.

Webb comenzó sus operaciones científicas en junio de 2023, tras superar una serie de pruebas y calibraciones. Desde entonces, ha estado observando una gran variedad de objetos astronómicos, desde las primeras galaxias que se formaron tras el Big Bang, hasta los sistemas planetarios más cercanos a nosotros. Su misión está prevista que dure al menos cinco años, pero podría extenderse si sus componentes funcionan correctamente.

Webb es, sin duda, una maravilla de la ingeniería y la ciencia, que nos permitirá explorar el universo con una precisión y una sensibilidad sin precedentes. Quién sabe, quizás Webb nos sorprenda con algún indicio de vida extraterrestre en el futuro. De hecho, recientemente se ha anunciado que Webb ha detectado una molécula llamada dimetil sulfuro en la atmósfera de otro exoplaneta, K2-18 b, que podría ser un signo de actividad biológica. Sin embargo, esta hipótesis aún no está confirmada y se necesitan más observaciones para verificarla.

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