Platicamos con el productor Takeshi Ichikawa sobre cómo el remake moderniza la experiencia sin sacrificar el encanto que la define.
Mexicali,B.C.- Reimaginar un clásico de más de cien horas no es simplemente modernizar texturas y simplificar la narrativa. En el caso de Dragon Quest VII Reimagined, había un reto clave: preservar el espíritu visual que Akira Toriyama imprimió en el original, mientras se adapta la aventura a las expectativas de una nueva generación.
Durante nuestra conversación con Takeshi Ichikawa, productor del proyecto, quedó claro que el objetivo nunca fue reemplazar el pasado, sino reinterpretarlo con respeto.
“Todos los aspectos del juego fueron rediseñados desde sus bases, con un fuerte énfasis en la expresión visual, la escenografía y el sistema de batalla”, explicó.

Pero inmediatamente acentuó que el desarrollo se enfocó en algo más importante: “lograr un equilibrio entre mejorar la accesibilidad y preservar el encanto de la versión original”.
Ese equilibrio es, probablemente, la palabra clave de todo el proyecto.
Un clásico demasiado grande para cometer errores
Dragon Quest VII siempre fue sinónimo de escala, en su versión original para PlayStation 1, era una odisea que parecía no terminar nunca. Ajustar esa magnitud sin traicionar la memoria colectiva de los fans fue uno de los desafíos centrales.
Ichikawa reconoce que incluso los cambios más pequeños podían tener consecuencias inesperadas. “La gran escala de Dragon Quest VII implicaba que incluso los ajustes más sencillos podían impactar al juego en múltiples áreas”, señaló. Por eso, cada decisión requirió largas discusiones internas sobre qué debía reconstruirse y qué debía permanecer intacto.

El resultado es una experiencia más concisa y balanceada, pero que mantiene la sensación de estar viviendo una travesía interminable junto a Kiefer, Maribel y compañía.
Mantener vivo el espíritu de Toriyama
Sin embargo, el aspecto más delicado no estaba en la estructura, sino en la identidad visual.
Dragon Quest no sería Dragon Quest sin los diseños de Akira Toriyama. Sus personajes estilizados, expresivos y casi caricaturescos son parte inseparable del ADN de la franquicia, reinterpretarlos sin perder su esencia era una línea extremadamente fina.
“El Dragon Quest VII original se definió por los diseños de Akira Toriyama, con personajes encantadores y estilizados. Hablamos sobre cómo mantener ese encanto al mismo tiempo que se construía una atmósfera única”, explicó Ichikawa.

La solución no fue simplemente pulir modelos, sino buscar una nueva aproximación estética. El equipo observó tendencias actuales en cine animado y videojuegos, donde el uso de figuras o muñecos como recurso visual estaba siendo bien recibido, a partir de ahí nació la idea de combinar ese concepto con el universo de Dragon Quest.
“Sentimos que este enfoque daría lugar a un estilo visual llamativo”, comentó Ichikawa, refiriéndose a los personajes que ahora parecen pequeñas figuras coleccionables dentro de escenarios que evocan dioramas tridimensionales. Una reinterpretación que respeta el trazo original de Toriyama, pero lo traslada a una nueva dimensión.

Más accesible, pero igual de clásico
Modernizar no significó simplificar la esencia, el sistema de combate por turnos permanece tradicional, pero ahora ofrece mayor flexibilidad, opciones de dificultad y ritmo acelerado para quienes buscan una experiencia más dinámica.
El enfoque del proyecto es abrir la puerta a nuevos jugadores sin cerrar la que siempre ha estado ahí para los puristas.
Cuando se le preguntó sobre posibles futuros remakes dentro de la saga, el productor evitó especular y prefirió concentrarse únicamente en esta entrega. Aunque la tendencia actual de Square Enix nos hace pensar que no pasará mucho tiempo para que veamos nuevas versiones de otras de las entradas legendarias de la franquicia (te estamos viendo a ti, Dragon Quest V).
Dragon Quest VII Reimagined ya está disponible en PC, Xbox Series X|S, PlayStation 5 y la Nintendo Switch 1 y 2.





















