El Parlamento Europeo está haciendo esfuerzos para establecer nuevas normativas que regulen la inteligencia artificial, lo que demuestra que los responsables políticos de todo el mundo aún tienen mucho que aprender sobre esta tecnología.
En vista de la creciente popularidad de las inteligencias artificiales (IA) y la amplia adopción de productos basados en ellas, resulta imperativo y urgente establecer regulaciones que supervisen su entrenamiento y uso.
Sin embargo, debido a la prisa por implementar mecanismos de protección y la falta de conocimiento en este campo, existe el riesgo de que los gobiernos mundiales obstaculicen el desarrollo adecuado de esta tecnología.
Eric Schmidt, ex CEO de Google, comparte esta preocupación y argumenta que actualmente no hay representantes populares con las competencias necesarias para legislar de manera efectiva el futuro de las inteligencias artificiales.
Un problema internacional
Durante una entrevista con NBC, el líder tecnológico reiteró su postura sobre quiénes deberían establecer los límites de las inteligencias artificiales. Según Schmidt, las IA son un tema tan novedoso y complejo que ningún miembro actual del gobierno de Estados Unidos (y otros involucrados en la regulación) posee las aptitudes y habilidades necesarias para comprender este ámbito y regularlo de manera adecuada.
"Mi preocupación con cualquier forma de regulación prematura, especialmente por parte del gobierno, radica en que siempre tiende a ser restrictiva", señaló el ex CEO de Google.
En cuanto al tablero de ajedrez de la regulación global de la inteligencia artificial, apenas se está dando inicio a una batalla a nivel mundial.
El Parlamento Europeo está haciendo esfuerzos para establecer nuevas normativas que regulen la inteligencia artificial, lo que demuestra que los responsables políticos de todo el mundo aún tienen mucho que aprender sobre esta tecnología.
En cambio, los obstáculos en el desarrollo de la IA deberían ser acordados entre las principales empresas que han creado los modelos de lenguaje más populares y poderosos, como OpenAI (la empresa detrás de GPT), Meta (LLaMA) y Google (PaLM).
Estos acuerdos deberían ser "razonables" y deben aprovechar el hecho de que estas gigantes tecnológicas cuentan con el personal más calificado en el mundo en el campo de la inteligencia artificial.















